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sábado, 9 de junio de 2012

Esta trabajadora no tiene paro







Una colmena está formada por miles de abejas. En esta comunidad existen tres castas de abejas: obreras, de las que hay miles; zánganos, unos cientos y la reina, una. La que he captado en estas fotos es la abeja obrera. Vive un promedio de tres meses en los que trabaja de manera incesante. Dentro de su casta hay una perfecta organización y distribución del trabajo.


Se encargan de la construcción y mantenimiento de la colmena, cuidar y alimentar las larvas, libar el néctar de las flores y convertirlo en miel, recolectar el polen y transportarlo a la colmena.


El néctar va directo a su buche y cuando llega a la colmena lo regurgita. Mezclado con unas enzimas de sus glándulas salivares, se convertirá en miel.

En cuanto al polen, una vez humedecido con néctar, lo convierten en pequeñas bolitas que transportarán en sus patas traseras.





Hay un “pero” que poner a las obreras y es que en la parte posterior de su abdomen tienen un aguijón venenoso,  su arma defensiva, que puede causar dolorosas picaduras  o lo que es más grave, alergias, que de no ser tratadas a tiempo, pueden causar la muerte por  shock anafiláctico.


Después de clavar el aguijón, las abejas normalmente mueren porque, al tener éste forma de arpón, queda incrustado en la víctima de la picadura desgarrando parte del abdomen del insecto.




La buena noticia es que también se pueden utilizar las picaduras de las abejas, de forma controlada, para aliviar el dolor. Esta práctica se llama “Apiterapia”.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Un gato en apuros





Este gatito llevaba, según nuestros cálculos, una semana, al menos,  en el tejado. Lo descubrimos porque maullaba...Pobrecito! Menos mal que fue una semana lluviosa y por lo menos pudo beber agua. Comer...algún pájaro, supongo. En Mayo hay cantidad de gorriones haciendo sus nidos bajo las tejas.
 La cuestión del salvamento fue peliaguda porque  los gatos, bien sea por curiosidad o por instinto de supervivencia, no tienen problema para subir a tejados, árboles o lo que sea pero cuando toca bajar, se mueren de miedo.
 Colocamos una escalera de madera a ver si se animaba a bajar, acuciado por el hambre, pero primero le subimos agua, claro.

 Intentó mil veces bajar: una patita, la otra; por un lado de la escalera, por el otro...lo dejábamos sólo para que no se atemorizara al vernos... Dos horas la escalera allí y no hubo forma.

 Le acercamos comida y...se la comió pero no se atrevió a bajar.

Finalmente, con un buen guante para no acabar con la mano y el brazo destrozados, uno de mis hermanos tuvo que subir a rescatarlo.

 Cuando lo dejó en el suelo, el pobrecito se tambaleaba de lo débil que estaba. Realmente desde abajo no habíamos apreciado que estaba en los huesos.







A los pocos días ya se había recuperado y correteaba feliz por el vecindario. Sus dueños ni lo habían echado de menos