Florece a finales de primavera o comienzo del verano. Es
una planta dioica: hay pies machos y pies hembras, pero sólo dan fruto los
acebos hembra; así que si queremos verlos lucir las características bayas rojas
en invierno, tendrá que haber en las proximidades un acebo macho para que la
polinización sea más fácil. En España estos arbustos abundan en zonas
montañosas, donde algunos ejemplares llegan a adquirir un porte considerable. En general les
gusta el frío y la humedad. No llevan bien el calor.
domingo, 6 de enero de 2013
lunes, 22 de octubre de 2012
"Agallas" del rosal silvestre o Rosa Canina L.
Otra tema interesante de la Rosa Canina L. se trata de las “Agallas”,
de cuyo contenido y mecanismo de formación, me enteré este verano en una
conferencia.
Siempre me habían llamado la atención esa especie de esponjas
que se ven en el rosal silvestre durante prácticamente todo el año. Por la
sabiduría popular sabía que allí dentro no había cosa muy buena. La curiosidad
me había llevado a abrir alguna pero no había visto
en su interior nada que me llamase la atención.
Su aspecto es más llamativo en verano; a medida que nos adentramos en el otoño son menos vistosas y sobre
todo en el invierno, adquieren la apariencia de estropajos secos, debido a las heladas. Poco podíamos imaginar que allí dentro palpita la vida.
Es muy curiosa la manera en que se forman estas agallas. Hay
una especie de avispa, de las que existen en Europa más de 300 variedades, cuyo
nombre no recuerdo, -no soy entomóloga- que deposita en las hojas del rosal silvestre sus huevos.
El rosal, mediante un mecanismo químico o viral, no muy conocido,
reacciona ante el parásito formando esa
especie de bola esponjosa en cuyo interior se albergará y desarrollará la larva de la
avispa en cuestión y donde permanecerá hasta la próxima estación cálida; (si le da por salir antes, allí acabó su aventura) y el ciclo de la vida vuelve a empezar.
Fotos de la avispa en cuestión no tengo. Debería haberme apostado días y días al comienzo o al final del ciclo, y, la verdad, es un poco complicado
lunes, 10 de septiembre de 2012
Rosa canina L., una joya natural
Ahora comienza la época en que los proveedores de abalorios
de mi niñez llenaban sus almacenes. En aquellos años, yo decía que iba a buscar
garbanzos para hacer collares, pulseras, diademas… Ahora ya sé que se llaman escaramujos
y que son el fruto del rosal silvestre o, Rosa canina, como Linneo la bautizó.
En mi infancia, en primavera, distinguía dos clases de
zarzales silvestres: los buenos, que daban ruchos o brotes comestibles y
los malos, cuyos brotes desechábamos porque estaban amargos. Estos últimos eran los de la zarzamora, de la especie Rubus
fruticosus.
La Rosa canina, además de alegrarnos la primavera con sus vistosas flores blancas
o rosas, resulta que también tiene aplicaciones culinarias y cosméticas. De sus
pétalos se puede obtener el agua de rosas y el aceite de rosas, según los
medios que utilicemos para destilar su esencia. No entraremos en detalles
porque serían demasiado largos para un post.
Por si fuera poco lo que nos ofrecen sus flores, las bayas o
frutos de este rosal silvestre, parece que son otra maravilla, no sólo en cocina:
hace cosa de un mes, me aseguraron que de ellos se obtienen mermeladas y
confituras deliciosas. Para ello, lógicamente, hay que armarse de paciencia y
de un cuchillo bien afilado y cortarlos por la mitad. Corté 4 ó 5 pero lo único
que hice fueron unas fotos…lo del dulce ya… demasiado tiempo, porque lógicamente, además de lavarlos y
cortarlos, hay que quitarle las pepitas
pilosas que tiene en su interior, etc.
Parece que son una fuente importantísima de vitamina C.
Durante la 2ª guerra mundial, salvaron del escorbuto a muchos europeos. Además
se está investigando su potencial como antiinflamatorio para las artritis y
problemas circulatorios, amén de otras propiedades en dermocosmética.
Es decir, mi fuente
de “joyas” en la infancia, está resultando ser toda una joya natural
miércoles, 8 de agosto de 2012
"Picando el gadaño"
http://www.flickr.com/photos/bitamejil/7928953352/
Cuando mis padres eran jóvenes y antes de la mecanización del campo, la siega del heno para los animales se llevaba a cabo durante largas y extenuantes jornadas de trabajo.
La "máquina" estaba formada por el brazo del segador y la guadaña. Era un trabajo que requería habilidad y precisión en los movimientos si querías sacar la tarea adelante sin "rebanarte" una pierna.
El filo de la guadaña tenía que estar en buenas condiciones para que el trabajo fuera eficiente. El afilado del corte se podía hacer mediante la piedra de afilar o mediante el "picado".
Mi padre conserva aún alguno de aquellos aperos. Actualmente sólo utiliza la guadaña alguna vez para segar algún hierbajo, pero siempre quiere tenerla en perfecto estado de uso.
Un día le dije que me avisara cuando fuera a "picar el gadaño" y así lo hizo. Tomé unas 90 fotos durante la media hora que le llevó el trabajo.
El "picado" se lleva a cabo mediante golpes maestros a la guadaña con un martillo sobre un yunque que previamente se ha clavado en el suelo. Ese suelo ha de tener la consistencia adecuada para que el yunque pueda clavarse en él pero no se hunda a cada golpe de martillo.
Conviene hacerlo a pleno sol para que el acero de la guadaña esté templado y sea más dúctil.
Antes, él se sentaba en el suelo o sobre un saco. Sus ochenta años cumplidos, ya no se lo permiten.
Estas siete fotos resumen el oficio: desde la primera en la que está clavando el yunque en el suelo adecuado, a la última, la guadaña afilada y montada, a punto ya de recoger.
Cuando mis padres eran jóvenes y antes de la mecanización del campo, la siega del heno para los animales se llevaba a cabo durante largas y extenuantes jornadas de trabajo.
La "máquina" estaba formada por el brazo del segador y la guadaña. Era un trabajo que requería habilidad y precisión en los movimientos si querías sacar la tarea adelante sin "rebanarte" una pierna.
El filo de la guadaña tenía que estar en buenas condiciones para que el trabajo fuera eficiente. El afilado del corte se podía hacer mediante la piedra de afilar o mediante el "picado".
Mi padre conserva aún alguno de aquellos aperos. Actualmente sólo utiliza la guadaña alguna vez para segar algún hierbajo, pero siempre quiere tenerla en perfecto estado de uso.
Un día le dije que me avisara cuando fuera a "picar el gadaño" y así lo hizo. Tomé unas 90 fotos durante la media hora que le llevó el trabajo.
El "picado" se lleva a cabo mediante golpes maestros a la guadaña con un martillo sobre un yunque que previamente se ha clavado en el suelo. Ese suelo ha de tener la consistencia adecuada para que el yunque pueda clavarse en él pero no se hunda a cada golpe de martillo.
Conviene hacerlo a pleno sol para que el acero de la guadaña esté templado y sea más dúctil.
Antes, él se sentaba en el suelo o sobre un saco. Sus ochenta años cumplidos, ya no se lo permiten.
Estas siete fotos resumen el oficio: desde la primera en la que está clavando el yunque en el suelo adecuado, a la última, la guadaña afilada y montada, a punto ya de recoger.
miércoles, 18 de julio de 2012
También la Luna ha pinchado
http://www.flickr.com/photos/bitamejil/7596657890/
En este mundo de burbujas que vivimos ahora, parece que hasta la Luna ha pinchado.
Un día de luna llena, seguí su itinerario durante unos veinte minutos y tomé varias instantáneas. Las tres que muestro aquí, fueron tomadas en un intervalo de tres minutos.
El "pincho" no es otra cosa que el extremo de una antena en un edificio.
domingo, 24 de junio de 2012
Mimosa púdica
Conocí esta planta en el Pasillo Verde de Madrid. La vi desde el autobús.
Eran unos arbolitos pequeños que no había visto nunca. Tenían, o eso me pareció, unas hojas finísimas y estaban llenos de flores en tonos rosas.
Investigué en Internet y la especie más parecida que encontré fue la de Mimosa púdica o sensitiva.
Lo más llamativo de ella era que sus hojas se plegaban al
tacto, como medio de defensa ante posibles depredadores, hasta dar la sensación
de estar marchita. Durante la noche también se pliega. A ello debe otro de sus
nombres: Dormilona. Las primeras
veces que yo la vi, se estaba desperezando.
Es increíble ver cómo una planta se encoge cuando la tocas como si fuera un gatito atemorizado.
Parece ser que es originaria de Brasil.
Otro día que pasé por la zona, andando en esta ocasión, me
acordé de la historia del arbolito y toqué con la mano una rama que estaba a mi
alcance. Me sorprendió muchísimo ver cómo se plegaban las hojas. Lástima que no
llevaba cámara de fotos
Este año, hace unos días, esta vez con la cámara, realicé el
mismo trayecto a propósito. Pero… no pude fotografiar su pudor en condiciones porque
los árboles habían crecido y apenas pude alcanzar las ramas.
sábado, 9 de junio de 2012
Esta trabajadora no tiene paro
Una colmena está formada por miles de abejas. En esta comunidad existen tres castas de abejas: obreras, de las que hay miles; zánganos, unos cientos y la reina, una. La que he captado en estas fotos es la abeja obrera. Vive un promedio de tres meses en los que trabaja de manera
incesante. Dentro de su casta hay una perfecta organización y distribución
del trabajo.
Se encargan de la construcción y mantenimiento de la colmena,
cuidar y alimentar las larvas, libar el néctar de las flores y convertirlo en
miel, recolectar el polen y transportarlo a la colmena.
El néctar va directo a su buche y cuando llega a la colmena
lo regurgita. Mezclado con unas enzimas de sus glándulas salivares, se
convertirá en miel.
Hay un “pero” que poner a las obreras y es que en la parte
posterior de su abdomen tienen un aguijón venenoso, su arma defensiva, que puede causar dolorosas
picaduras o lo que es más grave,
alergias, que de no ser tratadas a tiempo, pueden causar la muerte por shock anafiláctico.
Después de clavar el aguijón, las abejas normalmente mueren porque, al
tener éste forma de arpón, queda incrustado en la víctima de la picadura desgarrando parte del abdomen del insecto.
La buena noticia es que también se pueden utilizar las
picaduras de las abejas, de forma controlada, para aliviar el dolor. Esta
práctica se llama “Apiterapia”.
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